Entender la diferencia contribuye a la igualdad / Equality is raise up when differences are understood
Muy poco en el ámbito de la educación escolar se ha tenido en cuenta el hecho de que el cerebro de los niños y el de las niñas es diferente. La falta de esta información clave para que se ejerza justicia calificativa al interior de un aula es posiblemente el origen del fracaso escolar de varios individuos.
La tendencia ha sido la de muy rápidamente medir el resultado de los niños frente al de las niñas o viceversa sin tener en cuenta las diferencias físicas normales. Esto conlleva sin duda a deducciones injustas sobre las capacidades de cada género. Sin decir que un género es mejor o más inteligente que el otro, la diferencia en el cerebro de niños y niñas, si hablamos del niño o niña promedio, es evidente para la ciencia. Entender de forma simple cuáles son esas diferencias y entender las posibles causas de la excepción a la regla nos va a permitir a educadores y padres pero especialmente a educadores, explotar mejor las fortalezas de cada género, crear nuevas propuestas pedagógicas y ubicar en mejor término a cada individuo frente a sus posibilidades de desarrollarse felizmente y de aprender a su propio ritmo sin que el ritmo del otro género se convierta en una amenaza que lo haga sentirse menos capaz, por ende, que le haga perder el amor por el conocimiento y el aprendizaje.
El cerebro humano está compuesto de millones de células altamente especializadas que llamamos neuronas, 86 mil millones de neuronas más exactamente según la neurocientifica Brasileña Suzana Hercula-houzel. Cada una de estas células tiene como toda célula un núcleo y tiene también una serie de ramificaciones, claves en la transmisión de información. Por cada neurona hay una ramificación que se llama el axioma y otras cuantas ramificaciones que se llaman dendritas.
Cada vez que experimentamos algo nuevo, las dendritas registran la información y la procesan. Es clave que para que se dé un aprendizaje se establezca una “correlación” con algo experimentado o aprendido previamente y que está registrado en alguna otra neurona. Cuando las neuronas encuentran otras neuronas para relacionarse, van a conectarse entre sí por un proceso eléctrico y químico que llamamos una “sinapsis”. La neurona transmite la información a través del axioma y la otra neurona la recibe a través de las dendritas, la asimila y va a buscar nuevas neuronas para relacionarse.
Cuando una experiencia es nueva, al registrarse en la neurona como un nuevo estímulo, si ésta no tiene hacia donde generar una sinapsis, la información va a quedar archivada por un tiempo. La repetición de la información adquirida de la experiencia o del estímulo, varias veces y durante un espacio de tiempo cercano permitirá que el aprendizaje se engrane y se establezca como un registro latente. Si la información no se repite entonces al cabo de un tiempo se pierde y no se establece ninguna sinapsis. Entre más experiencial, entre más opciones de correlación de información exista y entre más se repita en el espacio del tiempo la información, mejor se afianza el nuevo aprendizaje. Podemos decir más bien que es ahí cuando hay un verdadero aprendizaje. Una adquisición que va a perdurar en el tiempo, que va a permitir comprender nueva información y que va a provocar en la vida del individuo una evolución.
La simetría de conexiones sinápticas es diferente entre el cerebro del niño y de la niña . Si bien en el de las niñas los dos hemisferios generan conexiones neuronales entre sí de forma balanceada, en el género masculino las conexiones se realizan en mayor proporción en el hemisferio derecho. La forma como el cerebro de las niñas procesa la información se hace mediante un viaje de interconexión lateral de hemisferio a hemisferio. Mientras que el cerebro de los niños se hace de adelante hacia atrás. Es esta la razón aparentemente por la cual los niños desarrollan más rápido sus habilidades motrices gruesas y su percepción de forma más elevada. El género masculino analiza y comprende mejor una estructura tridimensional en movimiento en el espacio, por ejemplo en rotación.
El cerebro está dividido en dos partes, cada parte la llamamos un hemisferio. Hemisferio derecho y hemisferio izquierdo. La división es perfectamente visible. Cada hemisferio controla el lado opuesto del cuerpo. Es decir que el hemisferio derecho controla el lado izquierdo y el hemisferio izquierdo controla el lado derecho del cuerpo. A su vez, cada hemisferio está dividido en 4 porciones, a las que llamamos lóbulos. Así pues tenemos, el lóbulo frontal, el parietal, el temporal y el occipital.
Esta asimetría en el término de conexiones neuronales entre ambos hemisferios hace que en promedio el género masculino suela ser más rápido para los cálculos matemáticos y para resolver problemas. Pero menos fuertes para la comunicación oral, la expresión de sus emociones y la motricidad fina.
De hecho el cerebro de los niños genera menos flujo sanguíneo en el Cingulate gyrus, la parte del cerebro que procesa las emociones y que se encuentra en el cerebro medio, Justo entre el cerebro complejo y el reptiliano. Los científicos dicen que el cerebro masculino no genera la misma relación entre las emociones y el recuerdo de una situación particular. Pero se debe esto a algo natural del cerebro masculino o al hecho de que la educación a la antigua priva a los niños de sus emociones naturales mientras que las niñas tienen más libertad de sentirlas y expresarlas?
La motricidad fina recordemos que es la que permite la creación manual, el uso de las manos de manera más especializada, con mayor precisión. Un niño y una niña promedio, de la misma edad, no aprenden a escribir al mismo ritmo pero sobre todo no darán el mismo resultado en términos de precisión y destreza en el mismo espacio de tiempo, o a la misma edad. Siendo los dos de la misma edad, el niño promedio va a tardar más tiempo en dar el mismo resultado que la niña. En ese sentido, los educadores encargados de establecer los procesos de lecto-escritura, en una clase de segundo ciclo (Transición) han medido los resultados de sus estudiantes teniendo en cuenta este aspecto? Muy seguramente que no ha sido ese el caso. Puedo ver la escena del pequeño niño que por más que se esfuerza en escribir la letra « a » cómo su profesora lo espera, el resultado esta lejos de parecerse al del grupo de niñas que se sientan no muy lejos de él quienes con gracia y delicadeza son el orgullo de su enseñante. El niño al ver que sus compañeras son capaces y que él no, no va a sacar conjeturas para justificarse diciéndose es normal, mi cerebro es diferente y aún no está preparado para sobresalir en esto. El niño va a asumir que él tiene un problema y es en ese momento cuando la frustración y el miedo frente al proceso de aprender se establece. Un estudio realizado en Estados Unidos demostró que la escritura de los niños promedio de 11 años es del mismo nivel que el de las niñas promedio de 8 años. La brecha entre niños y niñas en los exámenes SATs se ve en los resultados finales en lectura, escritura y matemáticas con un 12% superior para el género femenino. Entonces es evidente esperar el mismo resultado en niños y niñas de la misma edad es a nuestros días una injusticia.
El educador inglés Steve Biddulph, basado en años de investigación, propone que para que el nivel de ambos géneros sea equilibrado, los niños de una clase mixta deberían tener al menos un año más de diferencia con las niñas y que esta sería de alguna forma la manera más justa de exigir los mismos resultados de ambos géneros. Otras propuestas para equilibrar la diferencia es la de separar los niños y las niñas en dos clases diferentes. Lo ideal sería según Biddulph que los niños ingresen a su primer año de colegio hacia los 4 años y medio y las niñas en la misma clase sean de 3 años y medio. Sin embargo, estas interesantes propuestas generan en los padres y educadores una mirada aterradora y es entendible. Podríamos entonces hacerlo mejor cuando no podamos crear clases donde los niños sean mayores en edad que las niñas o que no podamos separar la clase en géneros. Mi propuesta para hacerlo mejor es dejar de calificar los resultados de los niños y adquirir en el aula de clase la posición de verdadero Maestro, el maestro que es ante todo un guia que acompaña a cada niño al ritmo único del mismo de forma individual, un maestro que entiende perfectamente la individualidad y no espera que todos sus alumnos entren en un molde, un maestro en todo el sentido de la palabra que se alegra de que sus estudiantes cometan faltas porque sabe que cada falta es una oportunidad para despertar en el niño una nueva virtud. Aprender a leer y escribir es clave dentro del proceso total de aprendizaje, pero no puede ir deslazado como ningún otro aprendizaje, de la adquisición de virtudes. El maestro debe ser un ejemplo de comportamiento virtuoso, a través de su actitud paciente, de su estado de amor, de paz, de tolerancia y de comprensión, puede él solamente hacer una diferencia en el niño y puede hacer él solamente que el niño ame aprender o tenga miedo de hacerlo. Así pues entre mejor comprendamos las diferencias físicas mejor podremos los educadores ser verdaderos Maestros para nuestros estudiantes.
El cerebro del niño es más grande que el de la niña. Significa esto que el niño tiene más capacidad de archivar mayor información que la niña? Cualquiera que sea el tamaño del cerebro de un individuo, siempre va a contar con sus 86 mil millones de neuronas. La diferencia en destrezas se mide más por la cantidad de conexiones que se realicen entre las neuronas. Cuando se observó y estudió el cerebro de Einstein lo que encontraron de particular era la calidad de conexiones entre neuronas. Estas eran más fuertes, con una apariencia más resistente. Sepamos que aquello que aprendemos genera una conexión neuronal. Si esta no está reforzada en el tiempo se puede perder. La repetición del conocimiento en vía de adquisición en otros contextos y la interrelación del mismo con cosas que ya aprendimos contribuye a este refuerzo. El sueño es también indispensable para que las adquisiciones del día se refuercen. Por eso es que los niños deberían irse a dormir temprano para alcanzar a dormir 10 horas antes de iniciar su nuevo día en la escuela . Las conexiones se generan en el espacio entre nuevas experiencia, la repetición de las mismas, la interrelacion con algo ya vivido y el reposo. El cerebro necesita reposarse para poder asimilar y fortificar sus conexiones. Un cerebro más grande no tiene más capacidades de aprendizaje o mejor coeficiente intelectual que un cerebro más pequeño. Luego esta diferencia entre el cerebro del niño y de la niña no es importante, al menos hasta lo que se ha descubierto en nuestros días, para entender las capacidades de aprendizaje académico de cada género. Hasta ahora la ciencia no ha descubierto en qué un cerebro más grande o más pequeño pueda diferenciar cualquier proceso cerebral. Algunas teorías hablan de una posible incidencia en las destreza físicas y sería esta una razón por la cual en efecto el género masculino sobre sale por encima del femenino en este aspecto. Pero nada está probado. Aún.
Dentro de las diferencias también encontramos que los niños usan más la materia gris mientras que las niñas usan más la materia blanca. En la materia gris ocurre el procesamiento de la información. La materia blanca es la parte que se ocupa de transportar la información de un lugar al otro del cerebro. Al realizar algún tipo de actividad o tarea, los niños y las niñas van a procesar la ejecución de la misma de forma diferente en su cerebro. Los niños van a utilizar la materia gris mientras que las niñas van a utilizar la materia blanca. Por esta razón las niñas son más eficaces realizando tareas múltiples y los niños más eficaces en completar un solo gran proyecto que necesita mucha atención. Sobre la capacidad de realizar tareas múltiples, mientras que el cerebro femenino puede recibir información que contiene la realización de varias tareas, el cerebro masculino tiene dificultad en procesarlo. Luego la mejor manera de comunicar una serie de pasos a realizar es el de dando la orden una a una en función de que se vaya cumpliendo, en el caso de los niños. Los niños prefieren enfocarse en una sola tarea hasta que la hayan completado. Por esta razón las listas de chequeo pueden ser muy útiles en el caso del género masculino.
De los aspectos diferenciales en ambos géneros que se hacen más notorios en las aulas de clase es también la producción oral. En el momento de hablar, toda la actividad cerebral que se activa para producir un sonido con sentido lógico es diferente en el cerebro de los niños que en el de las niñas. Los niños utilizan más un solo hemisferio mientras que las niñas van a utilizar los dos. Y el hemisferio que es más utilizado por los niños es el que menos se especializa en la expresión oral. No se trata de una deficiencia, es algo absolutamente natural que los educadores debemos respetar como parte normal de pertenecer a cada género.
Analizando el cerebro de un grupo de bebés de 3 meses, estos responden de forma diferente a los sonidos, especialmente los producidos por sus padres. Sin saber a ciencia cierta de donde vienen estas diferencias lo más lógico es decir que las hormonas están implicadas pero que la selección de género genética también lo esté. Esto es solo una hipótesis.
Los cinco sentidos se desarrollan en las niñas más rápido que en los niños y hacia los 3 años sin embargo los niños superan a las niñas específicamente en la integración visio-espacial que juega un rol importante en la construcción de rompecabezas, o en la coordinación de ojos y manos. Las niñas de su parte pueden identificar mejor en las personas, la expresión de gestos que deducen una emoción específica y también en todo lo que involucra la expresión oral. Al menos la generación actual y sin olvidar que al género masculino durante siglos se le ha privado de expresar sus emociones y que está privación hace que él mismo se desconecte de sus propias emociones. Si un individuo no aprende a conectarse con sus emociones le quedará muy difícil identificar las emociones de los demás, lo cual es indispensable para el desarrollo de la inteligencia emocional. Me atrevería a decir desde un punto de vista de la epigenética que tras tanto tiempo de privación emocional, el género masculino haya podido modificar su genética al punto que desde su nacimiento ya le es más difícil identificar las emociones de los demás que en el caso de las niñas.
No debemos esperar que ambos géneros se acomoden exclusivamente a estas tendencias, puesto que hay niños perfectamente aptos en comunicación oral o en manualidades que exigen una motricidad fina muy especializada y hay niñas que son muy buenas en matemática y en coordinación espacial. Sin embargo sería bueno preguntarse si esto se debe a una diferencia en la manera como el niño o la niña fue estimulado desde el vientre materno y desde su nacimiento. Si bien la tendencia del cerebro de los niños es la de utilizar más un hemisferio que los dos de manera sincrónica como lo hacen las niñas, puede un cierto tipo de estimulación ser la razón por la cual los niños que sobresalen en comunicación oral, por ejemplo, lo hacen?
Para esto debemos tener en cuenta la plasticidad cerebral ya que ésta es la oportunidad que padres y educadores tenemos para nivelar en lo posible la parte del cerebro que se desarrolla menos según el genero.
La plasticidad juega un rol importantísimo en cómo vamos a permitir que el cerebro de ambos géneros se desarrolle. Pero al tiempo las preferencias de selección de juegos de cada género hace que el cerebro se desarrolle en un sentido particular. Las niñas al jugar más con muñecas van a hacer que por la plasticidad de su cerebro haya más desarrollo de las habilidades de comunicación oral y el hecho de que los niños jueguen con carros, que implican juegos de movimiento, haga que su habilidad de coordinación espacio-temporal se desarrolle más. ¿Tiene esto que ver solo con una preferencia natural que se desarrolla según el género donde los niños prefieren los carros y las niñas las muñecas? o ¿Es porque los padres predefinen esta preferencia al presentarle a cada género el juguete que la sociedad clasifica como el adecuado según el género?
Otro importante factor diferencial es el de la adquisición del lenguaje. Los bebés niño al nacer tienen tanta testosterona como un hombre de 25 años. Un poco después de su nacimiento el nivel de testosterona baja abruptamente hasta la llegada de la pubertad. Aparentemente es la testosterona, la hormona masculina la que reforma el cerebro de los niños. Si bien el estrógeno en las niñas no ejerce (hasta ahora no ha sido demostrado de otra forma) ninguna posición activa en la estructuración del cerebro, la testosterona si lo hace en los niños. Todo parece indicar que este alto grado de testosterona durante la gestación de un niño influye en la concepción cerebral del género. Pero no sabemos con seguridad si es el único factor. El hemisferio derecho en el género masculino es superior y esto hace que su capacidad para comprender y manejar mejor las dimensiones espacio-temporales sea superior. Esta capacidad se debe posiblemente a la testosterona. Pero a su vez el privilegio de este desarrollo en el cerebro del género masculino interfiere en el desarrollo del hemisferio izquierdo el cual es el encargado del desarrollo del lenguaje. En el momento en que la testosterona privilegia el desarrollo en el cerebro derecho del niño, retrasa normalmente el desarrollo del hemisferio izquierdo. Un estudio de la universidad de Cambridge realizado en niños y niñas en el vientre materno hasta 18 y luego 24 meses después de su nacimiento propone que los niveles FT de testosterona fetal influyen en el desarrollo y adquisición del lenguaje de forma diferente en ambos sexos. A los los 18 meses, las niñas manejan un vocabulario en cantidad superior a la de los niños. Otro estudio realizado entre ambos géneros para determinar la cantidad de vocabulario adquirido demuestra una clara diferencia. El resultado para las niñas fue de 87,8 mientras que el de los niños fue de 41,8. Una diferencia muy marcada.
El mismo grupo de niños fue expuesto al mismo test a los 24 meses. En el resultado nuevamente se observó superioridad en la cantidad de vocabulario por parte de las niñas frente a los niños.
El área de Broca, de Wernicke y la circunvolución angular son las regiones en el cerebro que controlan el lenguaje y las emociones. Estas zonas en las niñas suele ser más grande. No podemos comprobar si hay alguna relación con el hecho de que las emociones en las niñas son mejor aceptadas por la sociedad, que las niñas pueden llorar libremente a diferencia de los niños, o si esto contribuya a que su lenguaje sea mejor. Pero podría ser posible que el hecho de privar al género masculino de sus emociones genere un bloqueo en el desarrollo de la parte que controla la adquisición del lenguaje?
Una alta interacción verbal aumenta las capacidades de expresión oral de los niños. Por esta razón el niño promedio se beneficiaría de un adulto que al interactuar con él utiliza un buen repertorio oral y desarrolla juegos de palabras. Leerle libros y contarle historias, ponerle podcasts de historias en el carro, ponerlo a escuchar recitales y poesía son algunas prácticas que ayudarían a desarrollar el lenguaje en los niños. En el caso de las niñas, la construcción de torres, los juegos de desplazamiento espacial también le van a desarrollar otros aspectos de su cerebro que los niños desarrollan con más facilidad. Lo más importante en el desarrollo del cerebro de un niño son los momentos de calidad que su madre y su padre pasen con él. Los momentos de atención que los padres otorguen a sus hijos, aún cuando sean cortos, influyen positivamente en la manera como el cerebro se desarrolla y por ende en sus capacidades de acción, ejecución y producción. Indiscutiblemente entre mejor sea la relación que los padres establecen con sus hijos y entre mejor preparados estén los padres para ser padres, mucho mejor se va a desarrollar el niño, sin importar el género. Pero aún así los educadores debemos tener en cuenta estas diferencias biológicas normales. Esto como parte de nuestra misión de maestros y de la búsqueda de la excelencia educativa.
Otra diferencia interesante, a tener especialmente en cuenta en las clases de artes, es que los niños tienden a percibir al extremo azul del espectro más fácilmente mientras que las niñas perciben más fácilmente los colores al extremo rojo del espectro. Será por esto que las niñas suelen preferir el rosado y los niños el azul?
En realidad el resultado de los estudios sobre las diferencias entre el cerebro de niños y niñas no han sido ampliamente difundidos en los contextos escolares. Adicionalmente no hay muchos estudios tampoco sobre estas diferencias. No por esto debemos de dejar de tener en cuenta los factores que a nivel biológico ya conocemos como diferencias importantes. Dentro de la evolución de la educación hacia una educación positiva con fundamento científico y ante todo construida en el respeto de la individualidad, más no del individualismo, los colegios deberían tener muy en cuenta estas diferencias en el momento de crear sus programas escolares y sobre todo en el momento de medir el nivel de adquisición y el progreso de cada niño, respetando su ritmo tal como lo propuse ya. Muchas injusticias se han cometido durante siglos por ignorancia pero hoy en día tenemos acceso a la información y hoy en día la ignorancia es una elección. Así pues espero que esta información contribuya al progreso de la educación y sobretodo al respeto de las diferencias de los géneros. Esto no puede hacer otra cosa diferente a contribuir con el amor que cada niño y cada niña deberían despertar por el conocimiento.
English Version :
Very little has been taken into account in the field of school education of fact that the brain of boys and girls is different. The lack of this key information to exercise grading justice within a classroom is possibly the origin of the academic failure of several individuals. The tendency has been to quickly measure the results of boys versus girls or vice versa without taking into account normal physical differences. This undoubtedly leads to unfair deductions about the abilities of each gender. Without saying that one gender is better or more intelligent than the other, the difference in the brain of boys and girls, if we talk about the average boy or girl, is evident to science. Understanding in a simple way what those differences are and understanding the possible causes of the exception to the rule will allow educators and parents, but especially educators, to better exploit the strengths of each gender, create new pedagogical proposals, and place each individual in better terms regarding their possibilities of developing happily and learning at their own pace without the pace of the other gender becoming a threat that makes them feel less capable, therefore, that makes them lose their love for knowledge and learning.
The human brain is composed of millions of highly specialized cells that we call neurons, 86 billion neurons more precisely according to Brazilian neuroscientist Suzana Hercula-houzel. Each of these cells has, like any cell, a nucleus and also has a series of branches, key in the transmission of information. For each neuron, there is a branch called the axon and a few other branches called dendrites.
Every time we experience something new, dendrites record and process the information. It is key for learning to establish a "correlation" with something experienced or learned previously and that is registered in some other neuron. When neurons find other neurons to relate to, they will connect to each other through an electrical and chemical process that we call a "synapse." The neuron transmits the information through the axon, and the other neuron receives it through the dendrites, assimilates it, and looks for new neurons to relate to. When an experience is new, if it does not have anywhere to generate a synapse, the information will be stored for a while. Repeating the acquired information from the experience or stimulus several times and during a close time frame will allow learning to fit and establish as a latent record. If the information is not repeated, then after a while, it is lost, and no synapse is established. The more experiential, the more options for correlating information, and the more the information is repeated in the time frame, the better the new learning is established. We can say that is where there is true learning. An acquisition that will endure over time, that will allow understanding new information, and that will cause an evolution in the individual's life.
The symmetry of synaptic connections is different between the male and female brain. While in females both hemispheres generate neuronal connections between each other in a balanced way, in male connections are made more often in the right hemisphere. The way in which girls' brains process information is through lateral interconnection from hemisphere to hemisphere, while boys' brains do it from front to back. This is apparently the reason why boys develop their gross motor skills and perception more quickly. The male gender analyzes and better understands a three-dimensional structure in motion in space, such as rotation.
The brain is divided into two parts, each part is called a hemisphere: the right hemisphere and the left hemisphere. The division is perfectly visible. Each hemisphere controls the opposite side of the body. That is, the right hemisphere controls the left side and the left hemisphere controls the right side of the body. In turn, each hemisphere is divided into 4 portions, which we call lobes: the frontal lobe, the parietal lobe, the temporal lobe, and the occipital lobe.
This asymmetry in the term of neuronal connections between both hemispheres means that on average, the male gender tends to be faster at mathematical calculations and problem-solving, but less strong in oral communication, expression of emotions, and fine motor skills. In fact, boys' brains generate less blood flow in the Cingulate gyrus, the part of the brain that processes emotions and is located in the midbrain, just between the complex brain and the reptilian brain. Scientists say that the male brain does not generate the same relationship between emotions and the memory of a particular situation. But is this due to something natural in the male brain or to the fact that traditional education deprives boys of their natural emotions while girls have more freedom to feel and express them?
Fine motor skills allow for manual creation, more specialized use of hands, with greater precision. On average, a boy and a girl of the same age do not learn to write at the same rate, but more importantly, they will not achieve the same level of precision and skill at the same age or within the same timeframe. Being of the same age, the average boy will take longer to achieve the same result as the girl. In this sense, have educators, responsible for establishing literacy processes in a second cycle class, (Transition) measured the results of their students taking this aspect into account? Most likely, this has not been the case. I can picture the scene of the little boy who, no matter how hard he tries to write the letter 'a' the way his teacher expects him to, his result is far from resembling that of the group of girls who sit not far from him and who are the pride of their teacher with their grace and delicacy. The boy, seeing that his classmates are capable and he is not, will not make inferences to justify himself by saying it is normal, that his brain is different and he is not yet prepared to excel in this. The boy will assume that he has a problem, and it is at that moment when frustration and fear towards the learning process are established. A study conducted in the United States showed that the writing level of average 11-year-old boys is the same as that of average 8-year-old girls. The gap between boys and girls in SAT exam results is seen in the final results in reading, writing, and math with a 12% advantage for females. It is therefore evident that expecting the same result from boys and girls of the same age is unjust to this day.
The English educator Steve Biddulph, based on years of research, proposes that in order for the level of both genders to be balanced, boys in a mixed class should have at least one year more difference with girls and that this would be a fair way to demand the same results from both genders. Other proposals to balance the difference include separating boys and girls into two different classes. Ideally, according to Biddulph, boys should start their first year of school at around 4 and a half years old, and girls in the same class should be 3 and a half years old. However, these interesting proposals generate a terrifying look from parents and educators, and it is understandable. We could then do better when we cannot create classes where boys are older than girls or when we cannot separate the class by gender. My proposal to do better is to stop grading children's results and to acquire in the classroom the position of a true teacher, a master who is above all a guide who accompanies each child at their unique pace individually, a guide who understands individuality perfectly and does not expect all his students to fit into a mold, a teacher in every sense of the word who is delighted that his students make mistakes because he knows that each mistake is an opportunity to awaken a new virtue in the child. Learning to read and write is key to the overall learning process, but it cannot be displaced like any other learning, from the awakening of virtues. The teacher must be an example of virtuous behavior, through his patient attitude, his state of love, peace, tolerance, and understanding, he alone can make a difference in the child and he alone can make the child love to learn or be afraid to do so. So, the better we understand physical differences, the better educators we can be true teachers for our students.
The brain of a boy is bigger than that of a girl. Does this mean that boys have more capacity to store more information than girls? Regardless of the size of an individual's brain, it will always have its 86 billion neurons. The difference in skills is measured more by the number of connections made between neurons. When Einstein's brain was observed and studied, what was found to be particular was the quality of connections between neurons. These were stronger, with a more resistant appearance. We know that what we learn generates a neuronal connection. If this is not reinforced over time, it can be lost. The repetition of knowledge in the process of acquisition in other contexts and its interrelation with things we have already learned contributes to this reinforcement. Sleep is also indispensable for acquisitions made during the day to be reinforced. That is why children should go to bed early to get 10 hours of sleep before starting their new day at school. Connections are generated in the space between new experiences, the repetition of these experiences, the interrelation with something already experienced, and rest. The brain needs to rest to assimilate and strengthen its connections. A bigger brain does not have more learning abilities or a better intellectual coefficient than a smaller brain. Therefore, the difference between the brains of boys and girls is not important, at least as far as what has been discovered to date, for understanding the academic learning abilities of each gender. Science has not yet discovered how a larger or smaller brain could differentiate any brain process. Some theories speak of a possible incidence on physical skills, and this could be a reason why males outperform females in this aspect. But nothing is proven yet.
Within the differences, we also find that boys use more gray matter while girls use more white matter. Gray matter is where information is processed, while white matter is responsible for transporting information from one part of the brain to another. When performing a task or activity, boys and girls will process the execution of it differently in their brains. Boys will use more gray matter, while girls will use more white matter. For this reason, girls are more effective at multitasking, while boys are more effective at completing a single large project that requires a lot of attention. Regarding the ability to multitask, while the female brain can receive information containing the performance of several tasks, the male brain has difficulty processing it. Therefore, the best way to communicate a series of steps to perform a task is to give the orders one by one as they are completed, in the case of boys. Boys prefer to focus on a single task until it is completed. Therefore, checklists can be very useful for boys.
One of the differential aspects between genders that is more noticeable in classrooms is also oral production. When speaking, all the brain activity that is activated to produce a sound with logical sense is different in the brains of boys than in those of girls. Boys use more of a single hemisphere, while girls use both. And the hemisphere that is most used by boys is the one that is least specialized in oral expression. This is not a deficiency; it is something absolutely natural that educators must respect as a normal part of belonging to each gender.
Analyzing the brain of a group of 3-month-old babies, they respond differently to sounds, especially those produced by their parents. Without knowing for sure where these differences come from, it is logical to say that hormones are involved, but genetic gender selection may also be involved. This is only a hypothesis.
The five senses develop faster in girls than in boys, and by around 3 years old, boys outperform girls specifically in visual-spatial integration, which plays an important role in puzzle building or eye-hand coordination. On the other hand, girls are better at identifying emotions in people through facial expressions and in all aspects related to oral expression. It's important to note that the current generation should not forget that for centuries, the male gender has been deprived of expressing their emotions, and this deprivation causes them to disconnect from their own emotions. If an individual doesn't learn to connect with their own emotions, it becomes very difficult for them to identify emotions in others, which is indispensable for the development of emotional intelligence. From an epigenetic point of view, I would dare to say that after so much time of emotional deprivation, the male gender may have modified their genetics to the point that it's already more difficult for them to identify emotions in others from birth compared to girls.
We should not expect both genders to exclusively conform to these tendencies, as there are boys who are perfectly capable in oral communication or in manual activities that require specialized fine motor skills, and there are girls who are very good at mathematics and spatial coordination. However, it would be good to ask if this is due to a difference in the way the child was stimulated from the womb and from birth. While the tendency of the boys' brains is to use one hemisphere more than both hemispheres synchronously as girls do, could a certain type of stimulation be the reason why boys who excel in oral communication, for example, do so?
For this, we must take into account brain plasticity, as it is the opportunity that parents and educators have to level out the less developed parts of the brain according to gender. Plasticity plays an incredibly important role in how we allow the brains of both genders to develop. However, the preferences for game selection for each gender mean that the brain develops in a particular way. Girls playing more with dolls will develop more oral communication skills due to the plasticity of their brains, and boys playing with cars, which involve spatial and temporal coordination, will develop those skills more. Is this only due to a natural preference that develops according to gender, where boys prefer cars and girls prefer dolls? Or is it because parents predefine this preference by presenting each gender with the toy that society classifies as appropriate according to gender?
Another important differential factor is language acquisition. Baby boys are born with as much testosterone as a 25-year-old man. Shortly after birth, testosterone levels drop abruptly until puberty. Apparently, it is testosterone, the male hormone, that shapes the brains of boys. While estrogen in girls does not have an active role in brain structuring (so far, it has not been shown otherwise), testosterone does so in boys. Everything seems to indicate that this high degree of testosterone during the gestation of a boy influences the gender's brain conception. However, we are not certain if it is the only factor. The right hemisphere in males is superior, and this makes their ability to understand and handle spatial-temporal dimensions better. This capacity is possibly due to testosterone. But in turn, the privilege of this development in the male brain interferes with the development of the left hemisphere, which is responsible for language development. When testosterone favors the development of the right hemisphere of the child's brain, it usually delays the development of the left hemisphere. A study by the University of Cambridge conducted on boys and girls in the womb up to 18 and then 24 months after birth suggests that fetal testosterone levels influence language development and acquisition differently in both sexes. At 18 months, girls have a larger vocabulary than boys. Another study conducted on both genders to determine the amount of vocabulary acquired showed a clear difference. The result for girls was 87.8, while for boys, it was 41.8. A marked difference. The same group of children was exposed to the same test at 24 months, and once again, the girls showed superiority in the amount of vocabulary compared to boys.
The Broca area, Wernicke area, and angular gyrus are the regions in the brain that control language and emotions. These areas are usually larger in girls. We cannot determine whether there is any relationship between the fact that girls' emotions are more accepted by society, that girls can cry freely unlike boys, or if this contributes to their language skills being better. But it could be possible that depriving the male gender of their emotions generates a blockage in the development of the language acquisition control part of the brain.
High verbal interaction increases children's oral expression skills. For this reason, the average child would benefit from an adult who interacts with them using a good oral repertoire and develops word games. Reading books to them, telling them stories, playing podcasts of stories in the car, and exposing them to recitals and poetry are some practices that would help develop language skills in children. In the case of girls, building towers, playing spatial displacement games, and other activities can develop aspects of their brain that boys develop more easily. The most important thing in a child's brain development is the quality time that their mother and father spend with them. The moments of attention that parents give their children, even if they are short, positively influence the way the brain develops, and therefore their abilities for action, execution, and production. Undoubtedly, the better the relationship that parents establish with their children and the better prepared they are to be parents, the better the child will develop, regardless of gender. However, educators must still take these normal biological differences into account. This is part of our mission as teachers and the pursuit of educational excellence.
Another interesting difference, especially important in art classes, is that boys tend to perceive the blue end of the spectrum more easily, while girls perceive the red end more easily. Is this why girls tend to prefer pink and boys blue?
Actually, the results of studies on differences between the brains of boys and girls have not been widely disseminated in school contexts. Additionally, there are not many studies on these differences. This does not mean that we should ignore the factors that we already know to be important biological differences. In the evolution of education towards a positive education with scientific foundations and, above all, built on respect for individuality, rather than individualism, schools should take these differences into account when creating their school programs and, above all, when measuring the level of acquisition and progress of each child, respecting their pace as I proposed earlier. Many injustices have been committed for centuries out of ignorance, but nowadays, we have access to information, and ignorance is a choice. Therefore, I hope that this information contributes to the progress of education and, above all, to the respect for gender differences. This can only contribute to the love that every child should have for knowledge.
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